El apasionante hobby de las cometas de combate

De pequeñito, quien más quien menos, ha disfrutado de una cometa. Recordemos esos días de viento en los que venciendo nuestra torpeza, corríamos, levantando el artilugio, más o menos casero, por encima de nuestras cabezas y la alegría cuando, más o menos, conseguíamos que se elevara y se mantuviera en el aire.

Regresamos de tan bucólico -o no- recuerdo. Y lo hacemos de una manera un tanto brutal, como quien pasa de escuchar el Canon de Pachelbel en su versión clásica y, de golpe, lo oye en la vertiginosa guitarra de Ymgwie Malmsteen.

De flotar a mantenerse a flote

En nuestra infancia, la cometa flotaba lenta, indolente, casi perezosa en el aire cálido del verano… Ahora está diseñada para derribar a sus vecinas. La idea, cómo no, proviene de Japón: allí se construían (construyen) obras de ingeniería tan perfectas como la Rokkaku.

Esta cometa es muy fácil de construir y muy manejable. Eso sí, es casi seguro que si la hacemos nosotros tenga que mostrar alguna diferencia con las originales, puesto que en Japón se elaboran con bambú y un tipo de papel llamado Washi, ligero, resistente e inencontrable en España.

Samuráis en el aire

Sustituyamos el Washi por nylon y listos, aunque no está muy claro que quien vea a nuestra «chiquitina» entienda por qué le hemos dibujado la efigie de un samurái famoso… Si es que deseamos decorarla de la manera tradicional.

Por lo demás, las normas del combate son bastante sencillas, en cuanto los detalles de cada combate en sí, salvo algunos comunes a todas las luchas, los comunica el juez a los contendientes.

De todos modos, si queremos saber más sobre las reglas, podemos remitirnos a, por ejemplo, AKA Fighter Kite, donde veremos las posibilidades de una lucha que podemos resumir en que, quien queda en el aire, gana.

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